Israel: ¿El fútbol puede servir como un instrumento para promover la integración social?

November 14th, 2013

Kiryat Eliezer

Una mera referencia a la palabra “Israel” sirve para provocar reacciones fuertes en muchas personas. Algunas de estas reacciones son válidas, otras no. Incluso personas sin alguna relación directa a la región parecen ser expertas en una situación que, en realidad, no tiene una respuesta correcta. El debate Israel-Palestina continúa prosiguiendo hoy en día simplemente porque no existe una solución clara.

Las cosas no se van a mejorar si continuamos preguntando “¿Quién es culpable?” La verdadera pregunta que uno se debe preguntar, sin embargo, es “¿Que podemos hacer para mejorarlas?”

La integración gracias al fútbol

En enero ellos me mandaron, con otro entrenador, a Akko, una pequeña ciudad en el oeste de la región de la Galilea en la norte de Israel. Durante los cinco meses anteriores “Arsenal in the Community” nos había capacitado para ser entrenadores de fútbol en Londres, y ahora teníamos la oportunidad de ser una gran parte de uno de sus proyectos al extranjero.

Akko, mejor conocido como ‘Acre’ en español e inglés, es un lugar muy extraordinario porque es una de las pocas ciudades mixtas judío-árabe en Israel. En el pasado la violencia entre los dos grupos fue común. La situación actual, aunque no es perfecta, es mucho mejor. Hace unos años, Arsenal in the Community creó una asociación con la organización benéfica UJIA (Llamamiento de un Israel Judío Unido) con la esperanza de que el fútbol pudiera servir como un instrumento para promover la integración social entre los dos grupos de personas.

A lo largo de nuestra estancia de tres meses en Akko trabajábamos en un número de escuelas primarias judías y árabes, además de en otros proyectos relacionados con el fútbol, y dirigíamos sesiones de entrenamiento orientadas a todas las edades y niveles de talento. Si estas experiencias me han enseñado algo, es que el poder del fútbol no debería ser subestimado.

La colaboración judía-árabe

Cinco tipos en particular, todos de quienes tienen una pasión para el fútbol, nos ayudaron enormemente durante estos tres meses. Fiel a los objetivos del programa, estaba una combinación de judíos (Avihai, Ofir y Tomer) y de árabes (Adham y Elias). Uno no podría haber elegido un grupo de tipos más amable o divertido con quien trabajar, y la situación judía-árabe nunca fue un problema. Como Ofir me dijo muchas veces: “A mí me da igual si uno es árabe o judío. Tengo amigos árabes. El individuo es lo que me interesa, si es una buena persona.

Sin embargo, había momentos exigentes. Trabajar con niños puede ser difícil; trabajar con niños que no entienden ni una sola palabra de lo que dices es el doble de exigente. Aunque nuestros colegas nos ayudaron magníficamente, descubrimos que utilizar nuestros pies, en vez que nuestras palabras, era la mejor manera de demostrar a los niños lo que queríamos que aprendieran.

Dirigimos sesiones en una escuela árabe una vez por semana. Nos dieron sólo los chicos (algo que no sucedió en las otras escuelas, salvo una escuela judía religiosa) y nos dejaron sin supervisión (otra cosa que no sucedió en las otras escuelas). Normalmente o Adham o Elias nos acompañaba porque ambos hablan árabe, pero a todos nos resultó difícil controlar las sesiones. Los chicos no parecían estar interesados en aprender nuevas técnicas. Al intentar no generalizar, los chicos parecían mucho más impetuosos que sus homólogos judíos. Las riñas rápidamente se transformaban en peleas. Después de algunas semanas, hasta Elias y Adham (cuyo propio hermano menor asiste a esta escuela) admitían que a ellos tampoco les gustara ir allí. Y esta escuela era nueva, supuestamente la mejor escuela árabe de la ciudad.

No obstante, lento pero seguro, las cosas parecían mejorarse. Era cuando decidimos jugar con los chicos en los partidos – un entrenador por equipo. A partir de esto momento, en vez de vernos como ‘profesores’ comenzaron a considerarnos como futbolistas y su comportamiento cambió. Cada domingo (en Israel el fin de semana se compone de viernes y sábado) estaban muy contentos de vernos, porque les gustaba jugar al fútbol con nosotros. Un chico en particular, quien había sido difícil a complacer y poco dispuesto a participar en las sesiones antes, hasta nos pidió que asistiéramos a su fiesta de cumpleaños. Aunque todavía debiéramos separar las peleas de vez en cuando y hubiera ciertos chicos que continuaban portándose mal, ya no odiábamos asistir a esta escuela.

Hacia el fin de nuestra estancia en Akko, muchas escuelas se preparaban para un torneo local. Puesto que todas las escuelas en las cuales trabajábamos figuraban en el torneo, nos pidieron que viniéramos a verlo. Las preocupaciones iniciales que se podría tener sobre si habría algún conflicto cuando las escuelas judías se enfrentaban a las escuelas árabes se anulaban inmediatamente. El ambiente era amable, con buen fútbol a la vista.

Marcando una diferencia

Hay algo si sencillo y si universal sobre el fútbol que te puede unir con la gente en todas partes – independientemente de que si tenéis algo más en común. Soy un futbolista mediocre en el mejor de los casos pero aquí estaba yo, utilizando mi talento y mis conocimientos para entrenar en otra parte del mundo. No estábamos allí para producir el próximo crack de Arsenal o como cazatalentos (a pesar del hecho de que hayamos notado muchos jóvenes dotados), estábamos allí para conseguir que los niños jugaran al fútbol, para conseguir que se divirtiéran, para intentar acabar con las barreras que se han formadas dentro de esta comunidad. La cosa de que estoy el más orgulloso es que, aunque fuera un período de tiempo muy corto, hemos marcado una diferencia en las vidas de muchos de los niños. Tantos entre ellos estaban tan contentos de vernos los días que asistimos a sus escuelas.

Y esto es el verdadero poder del fútbol.

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